Lisardo
regresa de Flandes y se aloja en casa de su amigo Don Félix. Muy pronto todo se
complica: él se enamora de Marcela, que resulta ser la hermana de Don Félix,
mientras que Don Félix queda prendado de Laura, hija de Fabio. Las damas,
deseosas de ver a sus pretendientes sin la sombra de la vigilancia, traman
ingeniosos planes con la ayuda de Silvia, siempre dispuesta a encubrirlas. Pero
la torpeza de Calabazas, criado de Lisardo, convierte cada intento en un enredo
aún mayor. Entre
visitas ocultas, celos desatados y la estricta atención de Fabio, la casa se llena
de entradas y salidas por sus dos puertas, de secretos mal guardados y de situaciones
que se enredan más y más hasta rozar el absurdo. En Casa con
dos puertas, mala es de guardar, Calderón construye una comedia de enredos
donde el honor, el deseo y la picardía conviven en un continuo juego de confusiones.
Un clásico del Siglo de Oro que demuestra, desde su título, que cuando hay más
de una puerta en escena… lo imposible es mantener el orden.